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| Uno de los más grandes retos del nuevo Gobierno consistirá en diseñar una política antidroga eficaz para combatir las peligrosas alianzas entre los rezagos del terrorismo con el narcotráfico y entre los carteles mexicanos y los narcotraficantes peruanos. "Coca, cocaína y gobernabilidad" se ha convertido en un tema obligado en los debates que se realizan en los foros nacionales e internacionales y en el contexto actual, en pleno proceso de elecciones para el cambio de Gobierno, este tema adquiere relevancia. La opinión pública espera que los candidatos presidenciales expresen sus opiniones y hagan conocer la estrategia de sus planes de gobiernos en cuanto a "Coca, cocaína y gobernabilidad", o sea, cuáles son los lineamientos estratégicos que han diseñado para enfrentarse a las amenazas que nacen del incremento del cultivo de la hoja de coca, el tráfico ilícito de drogas, el narcoterrorismo, el contrabando de químicos y cómo neutralizar los peligros que pueden amenazar la gobernabilidad y así evitar que nos coloquen en la lista de las llamadas "narcorepúblicas". El aumento de los cultivos de la hoja de coca, más allá de zona tradicionales de plantaciones, tales como Monzón y las valles de Apurimac y Ene, el lavado de dinero, la comercialización ilegal de insumos químicos para el narcotráfico, las alianzas entre el narcotráfico y el terrorismo y entre los carteles mexicanos y peruanos, hace imperiosa la necesidad de que el nuevo Gobierno elabore una estrategia integral para combatir estas lacras que debe tener como ejes fundamentales, además del combate contra la pobreza, el desempleo, mayor presencia del Estado en zonas cocaleras, énfasis en la educación y aplicación de la ley, las operaciones de interdicción contra las mafias o carteles mexicanos y peruanos que han visto que la cocaína es una de las drogas de mayor demanda a nivel mundial, dando nacimiento a un sinnúmero de organizaciones criminales dedicadas a su comercialización ilícita que les reporta una ganancia de 450, 000 millones de dólares a nivel mundial, con las secuelas de corrupción y violencia que se conoce. El cultivo de la hoja de coca se convierte en un problema nacional, vinculándose con el narcotráfico, desde que del total de la producción de coca en el Perú, sólo el 18% es absorbido por el mercado licito ( destinándose un 17% al uso tradicional y apenas 1% para la industrialización) mientras que el 82% de la hoja de coca se destina para fines ilícitos (se estima que la producción anual sería posible elaborar unas 600 TM de estupefacientes al año). La planta de hoja de coca no tiene sustitutos. Es por ello que los técnicos internacionales se han orientado en los últimos años hacia el desarrollo alternativo, pero estos programas no han tenido resultados esperados por una serie de dificultades como el alto precio de la hoja de coca, las condiciones de extrema pobreza, pobreza crítica y la falta de mercados que impidieron mantener una evolución creciente. En la actualidad se calcula que el área sembrada es de 36 mil hectáreas, en tanto que las Naciones Unidas estiman que son 48 mil hectáreas. Tenemos el triste privilegio de que nuestro país sea una fuente de base de cocaína y cocaína refinada y se haya convertido en la puerta abierta a la exportación de productos de coca por tierra, mar y aire, así como de resina de opio y morfina por las tierras fronterizas norteñas a los Estados Unidos, América del Sur y Europa, existiendo una peligrosa asociación entre los carteles mexicanos y narcotraficantes peruanos para sacar cargamentos de cocaína a través de distintos puertos de nuestro país y que estas mismas mafias forman empresas de fachada dedicadas a la importación de estas sustancias por lo general fábricas de baterías (usan ácido sulfúrico) o almacenes dedicados a la compra venta de lejía, ácido muriático o acetona y contaminan los ríos de la selva con 13.500 toneladas de tóxicos. El Estado carece de una estrategia efectiva para neutralizar la comercialización ilegal de insumos químicos para el narcotráfico, creciendo en forma exponencial en los últimos años la incautación de estos insumos debido a que para procesar las hojas de coca producidas en media hectárea se requiere casi una tonelada de químicos Ante esta situación, el panorama que nos espera es bastante sombrío debido a que el presupuesto que asignado por el Estado a DEVIDA (Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas), ente gubernamental para implementa la política antidrogas, es bastante pequeño, asciende a tres millones de dólares, suma irrisoria comparada con los 97 millones destinados por los Estados Unidos y la ayuda norteamericana ha disminuido en un 17% menos del monto de 115,3 millones, o sea, 97 millones. ¿ QUE HACER ?
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