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LA CAPTURA DEL SIGLO

Por Benedicto Jiménez Bacca

19/10/2004

LA PREDECIBILIDAD ES SIGNO DE VULNERABILIDAD

El aumento del tono de las voces de los agentes provenientes de las radios transmisores, me volvieron a la realidad, sacándome de mis cavilaciones

Ingeniero, con su voz pausada y grave, pasaba lista a los agentes que se habían ubicado en los puestos cercanos de los objetivos o blancos (sujetos sospechosos o miembros de SL).

Fisico con el Comando DINCOTE

Habían pasado casi tres meses desde el inicio de la Operación de Inteligencia Victoria y sabíamos por experiencias que después de ese tiempo, todo puede suceder. Nuestra capacidad en medios y hombres no aguantaba una operación de inteligencia más de tres meses. Entonces, cada día que pasaba, la situación se tornaba delicada y el riesgo de detectar la ovise era mayor.

Por eso, había que estar atento a cualquier gesto o actitud de los “objetivos” para deducir si habían “sacado“ la ovise. La Cancha Uno eran los alrededores de la casa donde se sospechaba que estaría viviendo el líder senderista, llamada El Castillo (cuadra 1 de la Urbanización Los Sauces-Surquillo). La Cancha Dos, era las inmediaciones del apartamento donde vivía el coordinador del PCP-SL, Germán Sipión Távara o Zorro, como era llamado en claves por los agentes.

La Fortaleza era mi oficina ubicada en el segundo piso de la Central Operativa “15 de Setiembre “. Era el lugar de donde se dirigía todas las operaciones que comprendía una sala de operaciones, la secretaría, sala de informática, análisis, investigación básica, academia y un pequeño museo y biblioteca “histórica”, organizada en base a los objetos, documentos o libros que les habíamos quitado al PCP-SL, durante todas las operaciones de inteligencia.

El servicio de vigilancia fija del Castillo se instaló a mediados de 1992, en un pequeño cuarto ubicado en una casa de tres piso de la cuadra de la Calle 1, Urbanización Los Sauces – Surquillo y desde temprano, los agentes reportaban a La Fortaleza, los movimientos de las personas y vehículos que ingresaban o salían del Castillo. En la mayoría de las veces, veían salir y entrar a una pareja de jóvenes esposos a quienes llamaban “Lolos”.
- Químico a Físico - entró a la radio, la voz del comandante Marco Miyashiro.
- Dime, Químico, alguna novedad- le respondí.
- Negro, me dirijo a la Fortaleza; llegó en cinco minutos.
- Bien, Chino, nos vemos allá.

Habíamos aprendido en operaciones de inteligencia anteriores que la predecibilidad significa vulnerabilidad. Si el adversario conoce nuestros movimientos con anterioridad, puede planear estrategias contra nosotros. Es por ello que cada cierto tiempo cambiábamos las claves en las comunicaciones para desviar la atención del adversario(que podía ser el terrorista, el enemigo interno o los agentes de otros servicios de inteligencia).

En toda operación aplicábamos el arte del engaño, tratando de mantener en la oscuridad de la noche los planes para que cuando se ejecuten, sus efectos sean fulminantes como el rayo. Esto explica el porqué cada agente utilizaba una clave que ocultaba su nombre y cada lugar donde trabajábamos realizando ovise, también tenía una clave que era cambiada cada quince días y obligadamente, al culminar cada operación de inteligencia.

Era conciente de que el campo de la inteligencia, cada órgano se convertía en un “perro de presa“ y no se podía esperar confianza, lealtad, cooperación; más, aún, si por la captura del líder senderista y sus principales dirigentes, se ofrecía una jugosa recompensa que bordeaba el millón y medio de dólares(un millón de dólares el Estado y medio millón, la Fuerza de la Ley - institución creada y financiada por empresarios).

Como era de esperarse, muchos agentes de inteligencia y uno que otro mercenario venido del extranjero para hacerse rico con la captura del líder terrorista, trataban por todos los medios de seguirle los pasos al Gein y adelantarse a la captura de Guzmán. No tenían la intención de apoyarnos sino quitarnos la presa de los dientes.

Para desviarlos, la estrategia de la información errónea era importante, tal es así que si lograban interceptar las comunicaciones radiales, pensarían que estábamos trabajando en el Callao, cuando en realidad era Comas. De vez en cuando, enviaba un agente de contrainteligencia para comprobar si el estratagema había resultado. El resultado era positivo.

De tanto enfrentarnos a la muerte en la lucha antiterrorista, aprendimos el valor de la vida y nos convencimos que no existe nada más valioso que la vida misma.

 

Cuando estábamos desarrollando la operación Victoria, utilizábamos claves de metales, químicos y una que otra profesión. Químico era Marco Miyashiro; Ingeniero, Luís Valencia y a mí me conocían como Físico. Los tres éramos conocidos como La Triada. Antes de tomar una decisión, nos reuníamos, y debatíamos el siguiente paso a seguir.

Ingeniero se hizo cargo de la parte logística y de vez en cuando salía a la Cancha apoyando las operaciones. Mi responsabilidad era la parte ejecutiva de las operaciones y Químico, como más antiguo(me llevaba dos años de escuela), era el jefe nominal del Gein, pero en los hechos, dejaba que manejase las operaciones contra SL, mientras que él hacia lo mismo contra el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

La antigüedad de escuela no era una barrera para entendernos y llevar adelante la unidad sin problemas de quién es el que dirige o se hace responsable de las decisiones. El respeto que me guardaba era porque había sido el creador del Gein.

En 1992, el Gein había crecido llegando hasta 82 agentes (tres agentes eran mujeres) y se distribuían en cinco departamentos: operaciones, análisis, informática, apoyo técnico, investigación básica y capacitación.

El 12 de setiembre, tres equipos de ovise estaban por inmediaciones de la casa del Zorro, cuatro equipos en el Castillo, el resto, en las oficinas esperaban mi orden para “desatar la tormenta“ (iniciar la fase final de la operación). Paralelamente, se desarrollaba una operación alterna (Leona) con la intención de desviar la atención y mantener distraidos a cinco grupos de vigilancia.

Realizar una operación principal y otra alterna, permitía quitar la presión continua en la operación principal, distraer las fuerzas y aplicar la estrategia de la información errónea.

- ¿Cómo está la cancha de fulbol, Ingeniero?

- Bien, Físico, los jugadores están instalados en sus puestos y esperan que el árbitro dé el pitazo inicial para empezar el partido- respondió. Ingeniero, trabajador incansable, con gran capacidad para albergar rencor y ternura a la vez, cada vez que pasaba lista a los agentes, bajaba y subía el tono de su voz, de acuerdo a la respuesta que iba obteniendo.

Oficinas del GEIN

Esa mañana, esperaba a Truquini, subalterno que me acompañó durante cinco años para dirigirme a la Fortaleza. Ingeniero estuvo a mi lado, desde que lo vi un día pasando cerca de la Fortaleza, sujetado por policías y que lo llevaban cogido de los hombros con dirección a la enfermería de la Dincote.

Le había dado su acostumbrada Chiquitolina. Hacia una semana que había egresado del Curso Superior de Policía y su destino era incierto.

-¿Qué pasa, Chino?

Al escuchar mi pregunta, alzó la mirada y en tono suplicante, me pidió que lo llevara al Gein, según él, “para estar más tranquilo”. Este policía, veterano en la lucha antiterrorista, co-fundador del Delta 8 y que en julio de 1988, había capturado a Osmán Morote Barrionuevo “Nicolás”, mando militar del Comité Regional del Norte, después de este encuentro, al día siguiente, pasó a trabajar en el Gein, haciéndose cargo del área de logística.

Por su experiencia y persistencia en el trabajo, poco a poco se convirtió en mi brazo derecho y cada vez que era cogido por sus acostumbrados desmayos, los oficiales se mofaban de él y comentaban en son de broma: “le ha dado su Chiquitolina" (se quedaba paralizado, con la cintura quebrada y le era difícil moverse).

Para que una organización obtenga éxitos, se debe empezar por una buena selección del personal, contar con agentes de diferentes capacidades, talentos y habilidades, luego asignarles a cada uno tareas y responsabilidades de acuerdo con sus capacidades y talentos.

“Ingeniero” se destacó como el más adecuado para manejar la parte administrativa y logística. Con el trabajo y reconocimiento a su trabajo, superó con el tiempo sus extraños desmayos que lo cogían sorpresivamente.

Llevaba los gastos con la prudencia del Judío y cumplía mensualmente con dar dar cuenta cada dólar que se invirtía en la operaciones a “Supermán”, agente de la CIA que servía de enlace entre la Embajada Norteamericana y el Gein, apodo que se había ganado por su gran parecido que tenía con el héroe de las historietas.

Cuando detectaba que faltaba algún agente en su puesto de observación o de vigilancia, se alteraba y perdía el control. No controlaba sus emociones, dejando aflorarlos a través de la radio. Luego, una voz susurrante, con tono burlón, se escuchaba a través de la radio diciéndole: “Loquito... cálmate... cálmate... loquito..., nosotros hacemos de la paciencia un arte y de la espera una virtud...”

No bien culminaba la voz sibilante, se desataba una explosión hilarante de los demás atentes que estaban atentos a la llamada. Ingeniero nunca pudo detectar quién o quiénes eran los graciosos que se burlaban de él.

Pero el susurro alcanzaba su objetivo: lo calmaba como por arte de magia y luego seguía pasando lista, sin perturbarse. En poco tiempo convirtió la oficina del Gein en su segunda casa, mandó traer una cama, televisor, muebles de su casa firme y uno de los ambientes del Gein pasó a ser su dormitorio.