Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

LA CAPTURA DEL SIGLO

Por Benedicto Jiménez Bacca

01/12/2004

4 DE ABRIL

El 4 de abril de 1992, a las 9:45 a.m., "Manuel", quien se encontraba en la oficina de la avenida Emancipaciòn, recibe la llamada telefónica que le había dicho "Arturo". 

Maritza Garrido Lecca

La voz al otro lado de la línea,en tono lacónico, cortante, le dice: "te espero en la Iglesia". La "Iglesia" es la clave que utilizaban cada vez que querían reunirse en el punto de contacto ubicado en la primera cuadra de la Avenida Brasil, cerca a la plaza Bolognesi (Breña).

"Manuel" demoró quince minutos hasta el punto donde "Arturo" lo estaba esperaba. Se miran de lejos y ambos empiezan a caminar. Antes que termine la tercera cuadra de la avenida Brasil, hacen contacto y conversan sobre cosas triviales. Cuando se despiden, "Arturo" le da el nuevo punto de contacto en el Centro Comercial Risso, 6:30 pm.

 "Manuel" regresa a su oficina, después se va a su casa en su automóvil toyota, color celeste, 198. Ese día, como nunca, empieza a dar vueltas y vueltas, extremando las medidas de seguridad., mientras mira para todos lados.

Media hora antes del encuentro, sale de su casa y se dirige hacia el Centro Comercial Risso, estaciona su automóvil en la playa de estacionamiento del Risso y empiza a caminar, sin abandonar el lugar. Hace tiempo.

De pronto, "Arturo" se le acerca y sin saludarlo, hace una señal con la revista que portaba en la mano derecha para que lo siga. Caminan casi juntos por un lapso de quince minutos. Ninguno se hablaba. Se juntan en una esquina de la avenida Arequipa, donde abordan un colectivo con dirección a Barranco. Se bajan en el paradero de los colectivos y caminan diez minutos.

"Arturo" iba adelante y "Manuel", atrás. Luego, "Arturo" ingresa a un chifa; él lo sigue. Se sientan en la misma mesa y piden una cerveza para hacer tiempo. "Manuel" observa su reloj.Las manecillas marcan las 7:30 pm.

Cuando estaban conversando, aparece en la puerta del Chifa un sujeto que se para en el umbral, da la espalda y empieza a mirar nervioso la calle.
Su mirada se trasladaba de una esquina a otra. Usaba una pequeña gorra, color verde tipo "Jorge Chavez" y una bien acicalada "Chivita".

Luego de mirar varias veces a la calle, voltea la mirada dentro del local y con su dedo índice derecho, empieza hacerle señales a "Arturo", quien se dio cuenta de este detalle y asiente con la mirada. No pasa ni diez minutos, cuando el sujeto de "Chivita", desapare, caminando por el lado derecho de la puerta de entrada. A los cinco minutos, nuevamente vuelve aparecer su magra figura.

Era evidente que este sujeto vestido con un saco de corduroy, verde petróleo y pantalón oscuro, que mordía nerviosamente el cigarrillo que estaba en sus labios, sin fumarlo, realizaba "contrachequeo", mientras se comunicaba con "Arturo" a través de señales convenidas: gestos y movimientos de los dedos de las manos.

Luego, vuelve a desaparecer. A los veinte minutos, salen del local y abordan un taxi. Se bajan en Miraflores, en la esquina de las pizzas, ingresan en un restaurant y piden dos gaseosas. Hacen tiempo.

Por las inmediaciones, aparece nuevamente el sujeto de "Chivita" quien intentaba prender su cigarillo.
A una señal de "Arturo", se acerca y conversan en la entrada del restaurant, lueego el desconocido se separa, mientras que "Arturo" y "Manuel" suben a un taxi. Son las 8:20 pm cuando ambos se bajan del taxi en la entrada del Teatro Marzano.

Mientras caminaban, "Manuel" observa que el sujeto de gorrita estaba por las inmediaciones del teatro, simulando nuevamente prender un cigarrillo que lo tenìa colgado de los labios. Era una señal convenida. "Arturo" lo coge del brazo e ingresan a la Playa de Estacionamiento ubicada al costado del teatro.

En la caseta de entrada dormitaba una joven mujer que al sentir sus paso y verlos ingresar sin vehìculo, pregunta hacia dónde iban. "Arturo" responde, señalando con un dedo el auto granate que se encontraba estacionado en el interior de la playa: "Un familiar me está esperando en ese carro".

Donde había señalado con el dedo, estaba una bella e impaciente mujer, quien había recostado su esbelto cuerpo en la parte trasera del vehículo. Esta desconocida mujer vestía un ceñido pantalón de lycra y no tenìa más de 25 años.

Su rostro de tez blanca y delicada,estaba adornado con cabellos castaños y semiondulados que le caìan hasta la altura de los hombros. "Manuel" al verla se sorprende. No era comùn ver este tipo de mujeres, de apariencia "pitucada" en el partido. 

Estaba seguro que los combatientes de los destacamentos y milicias del PCP-SL, aquellos que viven en la punta del cerro o en los asentamientos humanos o barrios marginales, al ver este tipo de mujer la tildarían como "representante de la gran burguesía trasnochada y parasitaria que representa al capitalismo burocrático en el país".

La mujer saluda a "Arturo", indicándole que siente delante, a su costado. "Manuel "es invitado a que lo haga en el asiento de atràs y por indicación de "Arturo", se tienda a lo largo del asiento, cubriéndose la cabeza con una toalla grande que le alcanzó la mujer.

Aún no eran las 7:30 pm, cuando el vehículo, manejado por la bella mujer, sale de la Playa de Estacionamiento con dirección a la Vía Expresa. Nada rompe el silencio durante el trayecto. La mente de "Manuel" trabajaba febrilmente, intentando reproducir la ruta por donde iba el vehìculo. Pudo darse cuenta que bajò y saliò de la Vía Expresa.

Esto no fue difícil. También, guiado por la intuición, pudo deducir que el auto al subir lo hizo por la Avenida Javier Prado Este, siguiò por la Avenida Aviación y dobló a la derecha con dirección a la Avenida Primavera. Luego, pierde el sentido de la orientación. No había pasado más de quince minutos, cuando siente que el auto se estaciona y a los pocos segundos, le abren la puerta de un garaje, donde ingresa, cerrándose la puerta tras de ellos.

Estando adentro, le permiten levantarse del asiento y quitarse la toalla que le cubría toda la cabeza. 
Sus ojos tardan un breve tiempo para comprobar que se encontraba en el interior de un garaje y sólo había espacio para un vehículo. Se apeò del auto y pudo apreciar que frente a él, había una puerta abierta que daba acceso a una habitación. "Arturo" lo haced ingresar al cuarto donde esperan sentados en una de las tres sillas que estaban en el dormitorio.

Una pequeña mesa de madera estaba en el centro.
Despuès de cinco minutos, aparece aparece por el lado izquierdo de la habitaciòn, el presidente "Gonzalo". Al verlo, siente un leve estremecimiento y placer infinito.

El líder le extiende la mano y lo saluda cordialmente.
Detrás de Guzmán,ingresa "Arturo". Los tres se sientan alrededor de una pequeña mesa. A simple vista, el presidente "Gonzalo" estaba físicamente saludable. Su rostro, a excepción de la barba recortada, no había cambiado mucho, tal como apareció en el video Zorba el Griego. 

Pero, al caminar, dejaba notar una ligera cojera en la pierna derecha que lo hacía apoyarse en un bastón. 
Después de darle la mano, el líder se dirige a "Manuel" con un gesto de aceptación, en tono paternal. Una descarga emotiva atravesó el cuerpo de "Manuel".

Volvía a ver al presidente "Gonzalo", después de las exequias de "Norah", el 15 de noviembre de 1988. Era un privilegio que sólo la providencia podía darle a algunos dirigentes. Había pasado cuatro años y recordaba que en su casa guardaba tres fotografías del velorio de la "Heroìna de la Revoluciòn". 

Despuès de los saludos protocolares, Abimael Guzmán se sentó en un sillòn con dificultad, haciendo un gran esfuerzo. "Manuel" era conciente que su trabajo en el Departamento de Economía era renocido por el presidente "Gonzalo".

Recordó el episodio cuando, en pleno velorio de "Norah", lo llama su lado, al igual que a la camarada "Juana, lo abraza, dirige sus miradas a los ojos de "Juana" y la recrimina, diciéndole: "él... Manuel... si hace buena producción ... eso me enorgullece ... lo demás no es ético".

"Juana", al escucharlo, traga saliva.

Se había atrevido a murmurar, en presencia de miembros del Comité Centra, de que el presidente Gonzalo estaba recibiendo dinero del Regional Huallaga y que esto, segùn ella, no era ético.

Antes de entrar de lleno en el asunto medular que motivaba la reunión: nombramiento de "Arturo "como el nuevo coordinador entre el aparato que dirige "Manuel" y el Departamento Central, "Gonzalo" empieza hablar sobre la situación internacional y nacional, recordándoles las medidas de seguridad que debían adoptar para neutralizar al enemigo y que se cuiden porque tenía conocimiento de que existía "un grupo dedicado a tiempo completo para ubicación y captura".

Luego, presenta oficialmente a "Arturo" como el nuevo coordinador. Esto le confirmó el nivel y grado de confianza que gozaba "Arturo" con el presidente "Gonzalo". Mientras conversaban, hasta en tres oportunidades hizo su ingreso al cuarto la bella mujer que los había trasladado a la casa para servir vino y reemplazar las bandejas metàlicas que contenìan bocaditos para picar.

La reunión se prolongó por espacio de una hora. Antes de despedirse, "Gonzalo", vuelve a recordarles la sujeciòn estricta a las cinco necesidades del partido donde estàn contenidas las medidas de seguridad de la organizaciòn: Centralismo democràtico, compartimentaje, secreto, disciplina y vigilancia polìtico-militar.

Sale Guzmàn y ellos se retiran en el mismo auto conducido por la mujer. "Manuel" vuelve a colocarse en el asiento posterior y se coloca la toalla que cubre toda su cabeza.

 

 

 

 

El auto se desplaza por el circuito de playas de la Herradura. Escucha a los lejos el reventar de las olas. Suben por la avenida Santa Cruz y en el Conjunto Habitacional del mismo nombre, "Arturo" le dice a "Manuel "que se levante y se quiete la toalla. Eran las 10:45 pm.

Se bajó en una esquina de la avenida Salaverry. A partir de ese día, "Manuel" contacta con "Arturo". Se habìan disipado todas las dudas.

Cada vez que "manuel "se encontraba con "Arturo", llamaba su atenciòn el rostro "quemado" que tenía - "Como si fuera de la Sierra"- pensó un día.

En una oportunidad, "Arturo" le comenta que conocía una academia en Miraflores en donde un militante del partido le sacaba copias fotostáticas de los documentos partidarios.

"Manuel" no le da importancia a este detalle. A mediados de mayo ‘92, cuando "Manuel" estaba buscando un local para alquilar en el distrito de Miraflores y estaciona su vehículo en una esquina de la cuadra 21 de la Avenida Benavidez con la finalidad de revisar una falla mecánica.

En esos instantes, se percata que por la otra vereda caminaba "Arturo" en compañía de "Enrique" y Guillermo Pfluker, ex profesor de la Academia "César Vallejo".

- ¿ Què hacìa Pfluker caminando con ellos?

Sabìa que por discrepancias internas, se había desligado de la sede principal y con dos profesores que estaban en la misma condiciòn, había formado su propia academia de preparación pre-universitaria, dedicándose exclusivamente a preparar postulantes a la Universidad de Lima.

Entonces recordò lo que le había comentado "Arturo" sobre la academia de Miraflores donde sacaba copias fotostáticas de los documentos del partido.

Esa academia era la de Pfluker. No había dudas. Mientras cavilaba, notó que por su costado pasaba un antiguo militante de Sendero Luminoso: Simón Límaco Hilario, portando una vianda con comida hacia la academia de Pfluker. Lo conocía desde 1980. A los dos días siguientes,. alguién le comentó que Simón era el suegro de Guillermo PFluker.

"Manuel", después que pasó a la cárcel, nos dejó importantes y valiosas pistas. Nos relatò sobre el encuentro del 4 de mayo y todos los detalles que recordaba desde el contacto, el desplazamiento hasta la llegada al lugar de la reuniòn. Lo ùnico que no pudo precisar era dònde se habìa realizado el encuentro con el presidente "Gonzalo". Partiendo de esta pista valiosa, lo demás fue voluntad, iniciativa, tesón, un poco de inteligencia e ir enlazando con paciencia los cabos sueltos.

Esto es lo que conocemos como "investigación", dentro de la teoría de inteligencia operativa. El encuentro con el presidente "Gonzalo" se había realizado en abril de 1992 y a fines del mes siguiente, sucede un hecho imprevisto que hace que "Manuel" vuelva a encontrarse con la "pituca " miraflorina.

"Enrique" le había encargado para que busque un inmueble que iban alquilarlo y le dio una dirección anotada en un papel que la había sacado de un periódico dominical (Calle 1 - 459 - Los Sauces- 2- Surquillo).

"Manuel", previamente, llama por teléfono y se comunica con el hijo de la dueña de la inmobiliaria que alquilaba el inmueble. Una vez que contactan, se dirigen a la casa para conocerla y si reunía las condiciones, procedería alquilarla para que funcione como fachada una sala de computación de la Academia " César Vallejo".

Cuando, "Manuel ", se encontraba con el hijo de la dueña de la inmobiliaria en el segundo piso de la casa de los Sauces, un fuerte chirrido de llantas de un automóvil que se había estacionado, bruscamente, en el frontis de la casa, les llama la atención.

"Manuel" se acerca a la ventana y mira hacia la calle.
Siente un golpe duro en el pecho al ver que del automóvil se bajaba la misma mujer que el 4 de abril, lo había trasladado hacia la cita con el presidente "Gonzalo". Azares del destino hacía que ese día se encontrasen en la misma casa.

La mujer, al igual que él, había ido a la misma casa buscando que alquilarla, acompañadad de la dueña de la inmobiliaria, madre del joven que lo acompañaba a él.

- "La pituca miraflorina"- pensó.  Se puso nervioso y le asaltó un cierto temor. Coincidencias del destino.

"Manuel" aprovechó el momento que ambas mujeres ingresaban hacia el jardín para escabullirse y retirarse sigilósamente del lugar. No quería que la bella mujer lo vea.Esa noche no pudo conciliar el sueño. Al levantarse al dìa siguiente, seguía con una idea fija que lo martirizaba: tal vez la mujer había alquilado la casa de Los Sauces.

Para salir de dudas, coge el telèfono y llama a la inmobiliaria, preguntado si todavìa estaba en alquiler la casa de la Calle Uno en Surquillo. Como respuesta recibe lo siguiente: "Lo siento, está alquilada desde ayer".

En base a la información que había dado "Manuel" sobre el encuentro casual con la "pituca", dispuse que esa noche salgan a la calle con el detenido en un automóvil, los tenientes Gil y Bonilla, para que realicen el renacimiento de la casa, luego vuelven a la base. Este dato quedó registrado para trabajarlo más adelante.

El 31 de julio de 1992, "Protón" y "Actinio", dos agentes del Departamento de Investigación Básica del GEIN, salen con la misma tarea: reconocer la casa de Los Sauces y observar quiénes salían de la casa, recogiendo información de los vecinos. Cuando estaban cerca de la casa, ven salir del interior a un sujeto delgado, de 30 a 32 años.

En el informe de reconocimiento de inmueble lo describen como: "blanco, pálido, de cabellos lacios negros, entrecano, con bigotes y barba en el mentón, tipo chivita; vestìa un saco marrón, a cuadros, con pantalón negro, zapatillas verdes y portaba un bolsón de tela, color verde, tipo mochila, que colgaba del hombro derecho.

En momentos que sale de la casa, se despide con un beso de la joven mujer que había salido a despedirlo. El movimiento fue tan ràpido que no pudieron precisar las características físicas de la mujer.

El sujeto se dirige a la avenida Aviación y al llegar a un paradero, aborda un colectivo hacia Lima, bajándose entre la intersecciòn de las avenidas Javier Prado y San Luís. Compra un periódico y espera. Después de tres a cinco minutos, aborda un microbús que lo lleva a la cuadra 8 de la Avenida Los Cóndores e ingresa a la Residencial Los Remansos II.

Camina por una zona descampada, cruza una pampa y se para intempestivamente, comienza a observar a traves de un ventanal de unas de las tiendas del lugar, luego ingresa a la tienda.

Permanece en el interior sin comprar nada. "Actinio" se dio cuenta que cuando se para frente al ventanal, comienza a mirar la calle. Sale y regresa por el mismo sitio, cruza la pampa y a dos cuadras, ingresa a un inmueble de la calle Las Orquideas 222.

Los agentes observaron que el sujeto de la "Chivita", antes de ingresar a la casa, en cuyo frontis se encontraba estacionado la camioneta de placa AB-7753, mira a ambos lados de la calle para ver si era seguido.

Al final del informe, recomiendan que se monte una vigilancia fija en la casa de Los Sauces y que a al sujeto de "Chivita" se le haga seguimiento para conocer más detalles de sus actividades; también, se coordine con la empresa de "Guachimanes" que controlan el ingreso a la Residencial para instalar agentes nuestros, uniformados, junto con los verdaderos. El plan era ubicar el vehículo de placa KQ-4805, Hyunday, Color granate, que trasladó a "Manuel "hacia el encuentro con el Guzmán.

Al dìa siguiente, los mismos agentes, cuando revisan el cuaderno de ingreso de vehìculos en la entrada de la Residencial El Remanso II- La Molina, que tenìan los "guachimanes", constatan que el auto de placa KQ-4805, habìa ingresado como visitante a la Urbanización hasta en dos oportunidades, durante los meses de enero y febrero de de 1992. Estaba anotado que era donde la "Familia Cornejo". Este era el mismo auto que habìa utilizado la "pituca" el 4 de abril de 1992.

En los días siguientes, "Protòn" y "Actinio", anotaron las actividades del sujeto de "Chivita": antes de llegar a La Molina, caminaba hasta la avenida Aviación y cada cierto trecho, se paraba y observaba nervioso a su alrededor para ver si alguién lo seguía; luego, se sentaba en una banca, hacìa tiempo, se paraba y continuaba su camino.

En los primeros días de Julio ‘92, se instala el servicio de vigilancia y seguimiento en los alrededores de la casa de los Sauces. Para la vigilancia móvil, se les dio la responsabilidad a tres equipos de agentes. Conseguimos un puesto fijo para observar los movimientos de los vivìan en la casa.

Los agentes tenían como tarea principal, vigilar y seguir al sujeto de "Chivita" y a la mujer que salian de la casa, con la recomendación de que no debían presionar demasiado a los objetivos hasta conocer bien su rutina y modus vivendi de la casa. Antes de conseguir le puesto fijo, nos pasamos cadi dos semanas buscando infructuosamente una casa para alquilarla.

Nos dimos cuenta que la mayoría eran propietarios de los inmuebles y no existìa ningùn cuarto para alquilar. Preguntado entre los vecinos de la cuadra si vivìa algùn policìa, nos enteramos que que en una casa de tres pisos, ubicado en la esquina, vivía un coronel de la ex Policìa de Investigaciones. En la noche esperé que llegase a su casa y lo abordé, antes de ingresar.

Le dije que estábamos trabajando en su cuadra una información de un posible terrorista que llegaba a visitar a su tìa, pero que no estàbamos seguros cuándo y a qué hora. Le pedimos que nos alquile el cuarto del tercer piso de su casa que sabíamos que estaba vacío. Aceptó.

El 25 de julio logramos instalar el servicio de vigilancia fija.
Apoyo tècnico se encargò de colocar una ventana de madera, una cama e instaló los equipos de observación (cámara filmadora y fotogràfica). El coronel mostró un gran desprendimiento y acendrado cariño al país y a la institución policial. Estoy seguro que sin su valiosa ayuda, quizás no hubiéramos alcanzado el éxito y nuevamente nos hubiera quedado el sabor amargo del aparente fracaso, como a fines de 1990.

Dominando la altura, la vigilancia se hacía más facil y con menos riesgo. Instalado el equipo de vigilancia fija, tres equipos de dos agentes cada uno, en tres turnos (mañana, tarde y noche), en el primer día observaron que en la casa vivía una mujer de 24 años, estatura mediana, tez blanca, pelo castaño, semi ondulado, y un hombre de unos 30 años, delgado, trigueño, con una "Chivita", a lo Adolfo Bécquer. Se desconocía qué vinculación tenían los habitantes de la casa vigilada con Sendero Luminoso. Aparentaban ser una joven pareja de esposos. 

Cada mañana, la mujer salía a la puerta y despedía con un beso amoroso en la mejilla al sujeto; éste, respondía igual. 
El hombre, para aparentar que se ocupaba en una actividad lícita, se ausentaba todas las mañanas y retornaba cerca de las tres de la tarde. Salía a caminar con un pequeño maletín de mano, de cuero y portando en la otra mano un pliego de cartulina enrollado.

Vestía con un tradicional saco sport, de lanilla, color beig y pantalón azul. Las horas que permanecía fuera de la casa se dedicaba a "patear latas", dando vuelta, subiendo y bajándose en los ómnibuses, microbuses, taxis, etc.

Caminaba sin rumbo y de vez en cuando se paraba a conversar con algún vendedor o se dirigía hacia una casa en La Molina, pero antes daba varias vueltas y miraba por todos lados.